Kinski, Klaus

KLAUS KINSKI. Actor con los cojones muy grandes. El bueno de Klaus, que en paz descanse, era más peligroso que una caja bombas. Histriónico, obsesivo, egocéntrico, truculento, blasfemo, impulsivo y más bestia que un arado, este genial actor hizo de su nombre una leyenda terrorífica para el espectador y sobretodo para los directores que trabajaron con él. Dentro del cine friki, Kinski hizo un montón de pelis de terror (con esa cara se ahorraba el maquillaje y todo): “Los ojos muertos de Londres” o “El pañuelo asesino” con Alfred Vohrer; “La muerte tenía un precio” o “Por un puñado de Dólares” con Sergio Leone; “Nosferatu, vampiro de la noche” con Werner Herzog (director con el que se llevaba a matar, pero la química entre ambos era innegable ); "Nosferatu en Venecia"de Augusto Caminito; “El Caballero del dragón” de Fernando Colomo o "Creature" de William Malone. Pero la traca fue cuando Kinski conoció a Jesús Franco y se juntaron el hambre con las ganas de comer. Fue amor a primera vista y juntos hicieron las películas más bizarras del género: “Marqués de Sade: Justine”, “Paroxismus: Venus in Furs”, “El Conde Drácula” y “Jack el destripador”, la mayoría de ellas con un nexo en común: el despelote y el sexo. Y es que Klaus Kinski era un picha brava sin complejos y si en la película podía arrimar cebolleta con las actrices, mejor. Por otra parte, una de las mayores aportaciones que hizo Klaus Kinski a la humanidad fue su hija Natacha Kinski.















































































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